lunes, 9 de marzo de 2009

En aras de una perspectiva mediática centrípeta

En aras de una perspectiva mediática centrípeta

Miguel Ángel Corona Ayala
Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada
Escuela de Comunicación
Noviembre 2007

A MANERA DE PRÓLOGO.


“Soy hombre, y nada humano me es ajeno”
Terencio.



El problema que a continuación se intentará abordar versa en torno a cómo, a través de las prácticas discursivas de los medios masivos de comunicación es posible, sí con base en una perspectiva de corresponsabilidad y compromiso social, los emisores de los contenidos ponen en marcha una visión que posibilite que los receptores de esos contenidos posean, al menos una información básica, pero a la vez sustantiva de que los problemas medio ambientales son ya inherentes a cualquier ciudadano con una cierta perspectiva social.

Cabe hacer notar que el lector y/o escucha de estas líneas no se encontrará con una perspectiva de erudición, por el contrario la intención primaria de quien esto suscribe es, en el mejor de los casos, la de propiciar una bien intencionada reflexión, que a la postre podrá, sin duda, ser enriquecida por todo aquel interesado en una realidad toral, los medios masivos, en particular los de perfil electrónico son la base primigenia de información de grandes sectores de nuestra población y, por tanto no pueden sustraerse de toda problemática que subyace, en espera de ser resuelta.

Es de resaltarse que, la perspectiva con base en la cual se elaboró este documento es a partir de una naturaleza socio deductiva, es decir se planteará una visión panorámica de los problemas de naturaleza económica que afectan a Estados Nación como el nuestro, de ahí se intentará reflexionar el porqué existen países más favorecidos, en todos los ámbitos, y también se aspira a visualizar como en naciones como la nuestra, con todos los rezagos que, día con día, saltan a la vista de cualquier ciudadano comprometido, las precariedades se manifiestan de tal manera que un grave problema social se ha visto relegado por muchas instancias, incluyendo la fuente primaria de información ciudadana.

Para dar inicio al texto sólo me resta señalar que ante la grandiosidad del problema, el deterioro medio ambiental, los diagnósticos simplistas, o los determinismos son una especie de cortapisas, por tanto a través de un lenguaje asequible haré una serie de reflexiones para una audiencia generosa, pero a la vez, esto es escrito para no legos en el tema.


PARA VISLUMBRAR LOS REZAGOS GLOBALES.


Para nadie resulta novedoso el que se hablen de naciones desarrolladas, en diversos estadios, y por el contrario de países subalternos, subdesarrollados, y toda una cauda de eufemismos que señalan a naciones desfavorecidas. Hablamos aquí de una sempiterna desigualdad global que ha polarizado al planeta en países ricos, la elite, por tanto los menos, y el resto que en distintos gradientes buscan emular a aquéllos.

Como acertadamente lo plantea Carlos Berzosa (2002) la desigualdad ha adquirido muy distintas formas de manifestarse, la inequidad interna en casa Estado Nación se ha dado a lo largo de la historia, el modelo socioeconómico que ha privilegiado el capitalismo agravó, conforme los siglos transcurrían, las ya existentes brechas sociales, previas a su esplendor.

Consecuencias de este modelo, mil y unas, pero dentro de esa cauda resaltan el deterioro de la convivencia social, la enorme polarización de los sectores que constituyen a los países que abrazan esa política, un agudo y ofensivo contraste entre los sectores ricos, opulentos, y los sectores periféricos, pletóricos de carencias.

Este panorama es palpable aún en las naciones de la elite global, pero esos contrastes arriba descritos suelen ser mucho mayores en las naciones emergentes, neocoloniales del siglo ante pasado, en donde esos rezagos son fruto de un modelo heredado de las potencias imperiales que, a un alto costo, usufructuaron el entorno medio ambiental, dejando tras su salida una férrea dependencia de la madre naturaleza, y una industria novel, muy rezagada y dependiente con respecto a la metrópoli.

Berzosa (2002) señala que estas naciones se encontraban, en buena medida, en una etapa previa al desarrollo neoindustrial, gran parte de sus economías se basaban aún, a mitad del siglo pretérito, en las prácticas agrícolas y en formas de producción tradicionales, cuasi artesanales. Por tanto, esos países adolecían de una tecnología moderna para el campo y la propia industria, y el soporte de la economía se daba en el trabajo humano, no en prácticas tecnológicas de innovación.

Y si bien no hay curas mágicas para ese rezago a la fecha ya crónico, pensar en ello sería iluso, la mayor parte de los especialistas señalaban que si esas naciones deseaban progresar e insertarse en la dinámica de desarrollo de la posguerra, antes debían de crear políticas de industrialización. Por tal motivo, se debían de crear políticas económicas que posibilitaran iniciar un auténtico despegue industrial.

Cabe hacer notar, que las políticas, y los resultados hasta hoy, fueron variopintos a más no poder, desde modelos estatistas de distinto calibre, hasta modelos de libre mercado que le apostaban a la dinámica global que creara condiciones de una mínima riqueza que solucionara, al menos en parte, los atávicos rezagos de la población.

Estos últimos casos lograron algunos resultados halagüeños en el combate a los rezagos sociales, pero no consiguieron erradicar la pobreza, ni mucho menos la desigualdad entre los distintos estratos sociales; las naciones de la dinámica estatista lograron mejores metas al intentar abatir la miseria, pero a la larga sus propias contradicciones permearon, y contribuyeron a su ya conocido deterioro, y postrera liquidación.

Tras de esta disyuntiva se encerraban con frecuencia fortísimas presiones externas, en una época bipolar, en donde desde el oriente socialista, o el occidente capitalista las superpotencias hacían esfuerzos denodados por captar un mayor número de naciones, y situarlas bajo su égida.

Lamentablemente, la inequidad, como ya lo habíamos dicho no era privativa de las sociedades del llamado primer mundo, por el contrario en lo que Alfred Sauvy alguna vez llamó el 3er. Mundo, manifestaron mayores y más preocupantes grados de desigualdad; y como lo podrán haber escuchado decenas de veces muchos millones de jóvenes mexicanos, esto se recrudeció a partir de las décadas de los años ochenta y noventa.

Esos jóvenes son los hijos de la crisis, conflicto que ha depauperado a los sectores medios y bajos de la población, ése ha sido el vocablo, que mañana y noche, que a la par de las canciones de cuna que acompañaban sus sueños ha estado con ellos, y como enfermedad crónica, se les ha manifestado coartándoles sus expectativas, limitando a ultranza cualquier vestigio de que un mundo mejor puede venir.

Ya Víctor Urquidi, uno de los más renombrados economistas que ha dado este país había esbozado la magnitud del problema en su postrero ensayo “Otro siglo perdido, las políticas de desarrollo en América Latina”, en donde de manera acuciosa diseccionó un hecho atroz, que lacera a todos nosotros, el siglo XX fue un siglo perdido, a todas luces para que nuestro subcontinente latinoamericano lograra alcanzar auténticos estadios de desarrollo.

Hablamos pues de una tarea de gran corresponsabilidad, ya que el tejido social ha padecido este y otros más graves problemas, es visible el hecho de que una sociedad que somete a sus habitantes a tan serias penurias, y desigualdades, no es una sociedad sustentable, ni segura, ni equitativa, por tanto en donde la justicia no será un común denominador de la gente que la integra.

Con base en este lamentable diagnóstico, cabe hacer notar que este texto no intenta profundizar en las variables multifactoriales que han desencadenado en esta crítica situación por la que atraviesa Latinoamérica en general y particularmente nuestro país, sino solamente hacer referencia en torno a que esas desigualdades globales ya mencionadas, se agravan aún más en el ámbito interno de nuestros Estados Nación, y una de éstas tiene que ver con el grave deterioro medio ambiental que agrava una situación, de por sí grave, de un rezago inequitativo, de deterioro, de subdesarrollo al fin y al cabo.


DEL PORQUÉ LOS MEDIOS MASIVOS DEBEN ASUMIR UN PAPEL PROACTIVO.

Los medios masivos de comunicación, o aparatos de difusión de masas como los denominan algunos teóricos, son desde hace varias décadas en países como el nuestro, una fuente primaria de información, el modelo con base en el cual, millones de compatriotas construyen sus marcos de referencia socioculturales, los eternos maestros del espacio electrónico, la niñera que cuida a los más pequeños, el eterno compañero de travesía de millones de desempleados que encuentran en sus contenidos un escape viable al maremagnum social.

Si bien añejo en el tiempo, remoto a todos nosotros, el perfeccionamiento de la imprenta de tipos móviles desarrollado por el artesano alemán Johannes Gutenberg. Aunque si bien, todos sabemos que este personaje centró su atención en la impresión de Biblias, y que la mayoría de la ciudadanía no poseía el suficiente capital cultural, es decir el analfabetismo campeaba en todas las sociedades europeas, a la larga posibilitó que la comunicación masiva empezara a estar al alcance de grandes sectores de la población.

Este hecho marcó, sin lugar a dudas, a la civilización occidental, ya desde los años 60 Marshall McLuhan había rendido un lúcido homenaje a aquel en su obra La galaxia de Gutenberg, por tanto ese avance tecnológico del artesano alemán pronto se volvió un punto de referencia de la cultura para el mundo actual.

Años después, la vorágine de la revolución industrial, que la mayoría de los historiadores sitúa alrededor de la década de 1780, convirtió el proceso de la comunicación al que había contribuido Gutenberg, en una continua sucesión de progresos, el proceso de industrialización que se dio fundamentalmente en Europa, redujo de manera notable el tiempo que se requería para imprimir la información y, a la postre, daría lugar a la noción del tiempo libre para todos los trabajadores urbanos y rurales, que dispondrían de recursos económicos, espacio temporal, e interés por adentrarse en lo que los libros, y más tarde la prensa escrita le difundían.

De manera postrera, será la tecnología un factor decisivo, para bien o para mal, que generará cambios sustanciales para el mundo occidental primero, y después para el resto del planeta; en lo que ahora estamos abordando la industrialización posibilitará conforme transcurran las décadas el surgimiento de medios innovadores en su momento, al alcance de unos cuantos al principio, más tarde diversiones, espacios lúdicos, para las masas de obreros que encuentran en ellos un medio idóneo para la fuga intelectual, para escaparse de su cruda realidad laboral.

Todo este proceso de comunicación de masas se mostraba con sus particularidades a ambos lados del Atlántico, tanto en la América Septentrional, por evidentes razones al norte del Bravo, como en el lado de la Europa Occidental, distintos medios masivos, o como lo habíamos dicho aparatos de comunicación de masas como la prensa, en sus diversos tipos, el naciente cine, la mágica radio, entre otros mecanismos culturales, lograron seducir a las mayorías, que cayeron rendidas, hechizadas ante el universo cultural que se les abría a los sentidos.


En esos primeros años del siglo pasado, sobre todo en el primer cuarto de siglo, la gran mayoría de los medios masivos de comunicación, previamente a la irrupción de las ondas hertzianas televisivas, lograban con mucha frecuencia, al menos en los países más avanzados del planeta, llevar a cabo una dinámica de integración social, es decir la visión de que los aparatos de masas contribuyen a la integración social era visible, palpable, estamos por tanto hablando del hecho denominado efecto centrípeto.

Ese tipo de efecto señala que los medios pueden cohesionar a la ciudadanía en torno al contenido de sus mensajes, ese enlace social que fue detectado a partir de estudios de naturaleza empírica en la Unión Americana generaría la perspectiva de que los medios eran todopoderosos, concepción que estuvo muy en boga, en algunas naciones, hasta mediados de la centuria anterior.

Por el contrario, conforme las décadas transcurrían esa visión de unos medios todopoderosos fue matizándose, aún los más fervientes creyentes en aquéllos se acabaron por dar cuenta de que, para que esos poderosos efectos se dieran había que tomar en cuenta muchas variables que, a la postre, podrían suscitar o no algunos efectos que reforzaran la intencionalidad original por parte del emisor del mensaje.

El conductismo social, en particular en torno al poderío de los medios fue poco a poco rebasado y, en este proceso, se dieron otras muchas perspectivas, una de las cuales señala que los medios generan una dinámica de desintegración social, es decir fragmentan, dividen, destruyen los valores y la idiosincrasia del conjunto humano que los crea, y los alberga.

Por tanto, estamos ante lo que es denominado como una perspectiva centrífuga, antípoda a todas luces de la que en líneas arriba habíamos descrito; ésta concibe que los medios segmentan a tal grado sus contenidos, que los aparatos masivos crean menús informativos para cada público, contenidos hechos ex profeso para cada receptor, lo que a la postre hace que la audiencia no se integre, sino por el contrario se aísle aún más en aras de recibir lo que ha pedido a los emisores de los propios medios.

En las más recientes décadas las que podemos denominar nuevas tecnologías de la comunicación que, por otro lado, para las nuevas generaciones, para los millones de jóvenes que aún no llegan a las tres décadas de vida no tienen nada de nuevo; han hecho una abrupta irrupción en los hábitos de consumo comunicativo de amplios sectores de la población.

En lo que los analistas de la geopolítica cultural han llamado la sociedad de la información, medios como el Internet, la vasta infraestructura de la telefonía móvil, las tecnologías de escucha personaliza, la realidad virtual, la televisión satelital o vía cable, los diarios y las bibliotecas electrónicas; son ya sólo algunos ejemplos de cómo la tecnología ha llegado para quedarse, y para crear nuevas formas de información, así como de comunicación entre millones de personas de esta, la alguna vez llamada la aldea global.

Todos los aquí presentes sabemos que, nuestro principal capital es ya la información, es la materia prima con base en la cual trabajamos desde hace muchos años, todos nosotros no nos dedicamos a transformar la materia, sino que en la lógica que priva en el mundo occidental somos, como ya lo había señalado Peter Drucker, ya sea profesionales, o empleados, pero también obreros del conocimiento.

Es pues que, en este tenor que, ese autor acuñó el término de la Economía de la Información, proceso económico sociocultural en donde los individuos, cada uno de ellos en su particular trinchera, generan un proceso de constante enriquecimiento informativo para la sociedad en donde se desenvuelven.

Ya con antelación, autores que se han vuelto paradigmáticos como Neil Postman abordaban el papel fundamental que tiene las tecnologías de la información al decir que, "una nueva tecnología no solo agrega algo a una cultura sino que la transforma completamente". Esta transformación es ecológica y las consecuencias de cambio son siempre rápidas, impredecibles, y muchas veces irreversibles”.
Por tanto, hablamos de lo que muchos comunicólogos han dado en llamar la Ecología Mediática, o en una visión anglicista Media Ecology. La Ecología Mediática es una especie de gran rama meta disciplinaria de la Ciencia de la Comunicación que aborda que se encarga del estudio de un conjunto complejo de relaciones o interrelaciones entre símbolos, los medios y la cultura.
En nuestro tiempo resulta evidente decir que vivimos en un medio ambiente muy mediático, como ya se ha venido planteando, los medios masivos llegaron de afuera, y en corto tiempo adquirieron carta de naturalización en nuestro país, son ya presencia viva, conforman día con día nuestra piel sociocultural; por esta razón hay que entender a ese ambiente mediático, donde existen claros vasos comunicantes entre el ser humano y las distintas tecnologías de comunicación como lo son los medios impresos, los electrónicos y, las llamadas nuevas tecnología de la información.
Cabe hacer notar que, para sentar las bases de este diálogo retomaré la siguiente definición de la "Ecología Mediática", ésta se refiere al estudio de las técnicas, de los modos de información y de los códigos de comunicación, como parte principal de un ambiente interrelacionado que proyecta diferentes efectos en un contexto determinado.
Ahora bien, en aras de afinar el marco contextual en el que los medios deben contribuir a la solución del deterioro medio ambiental, debemos acercarnos a una posible definición de lo que es el desarrollo sustentable. Éste se refiere a un proceso en el la sociedad supere los obstáculos que puedan existir, un entorno humano en donde se identifiquen las condiciones útiles para que ese sociedad sobreviva, y pueda seguir avanzando de una manera más o menos armónica.
Es a partir de los años 60 cuando en el mundo se empieza a mostrar interés por una conciencia medio ambiental, así como una seria preocupación por el deterioro causado por ser humano, en la década siguiente la propia Organización de las Naciones Unidas organizó en el año de 1972 en la Conferencia de Estocolmo una plenaria que abordó ese problema mundial, en ese entonces se concluyó que las políticas aisladas dirigidas a la solución parcial de los problemas del medio ambiente estaban destinadas a ser un completo fracaso.

Cabe hacer notar que a más de tres décadas de esta cumbre de Estocolmo se han venido repitiendo los mismos errores en la posible intentona de solución de los problemas ambientales, por tanto este texto no aspira, en lo más mínimo, a dar recetas mágicas, por tanto inviables, sino a hacer un llamado serio de atención a la corresponsabilidad que debe seguir un importante actor social, los medios de comunicación.
Por tanto más allá de prolegómenos, y con la finalidad de aterrizar en sólo una propuesta concreta y, a la vez viable, daremos paso una idea que deberá ser retomada y profundizada por quienes se hallen lo suficientemente interesados en darle un sesgo social al quehacer cultural de los aparatos de difusión de masas. Qué hacer para lograr informar al menos, concienciar en última instancia en torno al desarrollo sustentable, y el combate al deterioro medio ambiental., por las limitaciones temporales de un espacio como este propongo lo siguiente.
Utilizar como un medio detonador, sí como una herramienta de comunicación primaria a la televisión, es decir utilizar al máximo las cualidades que posee este medio audiovisual que transformó al planeta durante el siglo XX.
La propuesta es la de desarrollar una amplia campaña de divulgación, pero que la vez sensibilice a todos los sectores sociales, en las cadenas televisivas, tanto a nivel abierto como en el ámbito restringido, satelital y vía cable.
La idea se trata de una serie de mensajes, con el apoyo de líderes de opinión y de ONG’S altamente respetables que muestren un serio interés por el medio ambiental, en donde se muestren de manera sencilla como a través de acciones simples, haciendo poco se puede cambiar mucho; el concepto rector de esos mensajes sería “hazlo por el medio ambiente, hazlo por ti”
La intención de esta campaña televisiva no es otra que la de educar, mejorando el conocimiento y comprensión de los ciudadanos y extendiendo el sentimiento de que cada uno de nosotros podemos hacer mucho. Si el resultado es el idóneo estos mensajes deberán ser replicados además en la radio y en la prensa escrita, para de esta manera tener una visión integral, y cubrir una mayor cuantía de la audiencia.
La información es poder, por tanto propongo brindarle el poder a la gente, a toda la sociedad civil interesada, y conciente en un tema toral para el mundo de hoy, el deterioro del medio ambiente. Una información de alta calidad es un elemento básico en la formación del comportamiento respetuoso, y también responsable, con el medio ambiente en el seno de la sociedad moderna, para que surta efecto es necesario que sea muy clara y comprensible para todos, que vaya dirigida a un público vasto y que los receptores sean consecuentes con el contenido de la información que se quiere transmitir.
Para concluir, así sea de manera preliminar este documento, quiero hacer míos los conceptos vertidos en octubre de 2007 en el marco de la reunión convocada por la Organización Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (OCLACC) y la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), que se realizó en La Loja, en Ecuador, en donde se intercambiaron propuestas, conceptos y metodologías relacionadas al rol actual de la comunicación en la construcción de una ciudadanía asentada en valores humanos y cristianos.
En este foro se planteó que Latinoamérica y la región del Caribe, atraviesan una profunda crisis de sus sistemas democráticos tradicionales y sus correspondientes liderazgos políticos, esta crisis se refleja en muchos ámbitos de la vida regional, entre otros una crisis mediática, y por supuesto un grave deterioro medio ambiental.
Pero también destaca la propuesta de construir una nueva ciudadanía, la que denominan la ciudadanía desde abajo, una sociedad civil participativa, bien informada, crítica y constructiva. En este tenor, por tanto es fundamental el trabajo colectivo en auténticas redes que posibiliten la construcción de un mejor entorno social.
Este trabajo comunitario es posible, sí y sólo sí, logra construir alianzas con medios de comunicación, entidades académicas, empresas, entidades públicas y privadas, instituciones, redes y movimientos sociales interesados en la construcción de sociedades solidarias y fraternas respetuosas de la dignidad humana y del medio ambiente.
En síntesis, coincido con los resultados de este foro en el sentido de que una de las tareas fundamentales será la de seguir promoviendo la democratización de la comunicación, por tanto retomo el título que da origen a estas líneas, todos los ciudadanos somos corresponsables en la búsqueda de un quehacer mediático centrípeto.

Miguel Ángel Corona Ayala.
Noviembre 2007.


Referencias bibliográficas.

Baran, S. e Hidalgo, J. (2005) Comunicación masiva en Hispanoamérica: cultura y literatura mediática. México: Mc Graw Hill.
Berzosa, C. (2002) Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI. Madrid: Nivela.
Mattelart A. y Mattelart M. (1997) Historia de las teorías de la comunicación. Barcelona: Paidós Comunicación.
Urquidi, V. (2005) Otro siglo perdido: las políticas de desarrollo en América Latina (1930-2005). México: El Colegio de México.Wolfensberger, L. (2005) Sustentabilidad y desarrollo, suficiente siempre. México: Universidad Anáhuac del Sur, Miguel Ángel Porrúa.